Trilogías, sagas y otros demonios

Era (un poco soy) una renegada de las sagas, trilogías, tetralogías y demases libros que tiene continuaciones, personajes que se repiten, historias que se agotan y aún así, los autores, las editoriales y los lectores consumidores nos empeñamos en seguir leyendo. Pero como dice el dicho "nunca digas de esta agua no he de beber" yo también caí en la tentación y empecé a leer algunas sagas. Ya había arrancado (un poco sin saber) con una espacie de saga "sin querer", involuntaria según la autora, Isabel Allende: La casa de los espíritus, Hija de la fortuna y Retrato en sepia. La autora las publicó absolutamente desordenadas cronológicamente y yo las leí más desordenadamente y con muchísimos años de diferencia entre uno y otro y me encantó ser parte de esa historia que abarca un siglo.

Un día llegó a mis manos La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Libro hermoso, muy recomendable para todos los lectores que creemos en la magia y en la literatura. Tentada por esa historia maravillosa, seguí con El juego del ángel y Prisionero del cielo. Bastante buenos estos dos que completaban lo que todos creíamos era una trilogía. Pero el autor nos tenía preparada una grata sorpresa: El laberinto de los espíritus, que cierra lo que se ha dado en llamar la saga de El cementerio de los libros olvidados.

Y claro, no pude parar con esto de animarme a las sagas. Estimo que es lo que pasa con varios lectores adictos al formato. Azarosamente, como casi siempre, conocí a Dolores Redondo y su Trilogía del Baztán. Tres libros que, por primera vez, leí uno detrás del otro. Pensé que a la mitad del segundo me iba a descantar por completo, pero no. Casi me animaría a decir que la intriga y los personajes fueron in crescendo a medida que pasaba la historia. El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta mezclan la intriga, el suspenso, la magia y unos personajes sumamente interesantes que la hacen indispensable para los lectores del género.




Por supuesto que en medio leí dos "engendros" de alta venta de Karin Slaughter, quien parece que lleva escritas varias sagas y que, incluso, juntó personajes de dos de ellas para comenzar una nueva serie. Bueno, en ese rejunte caí yo: El número de la traición y Palabras rotas. No las recomiendo para nada. 

Y cómo no mencionar al querido Robert Langdon (¿quién no se encariñó con él y su relojito de Mickey Mouse que cuida más que al Santo Grial?) que de la pluma escueta en  pensamientos profundos, pero prolífera de suspenso de Dan Brown nos ha sabido ofrecer a través de Ángeles y demonios, El código Da Vinci, El símbolo perdido e Inferno.


Hace unos días empecé a leer La biblioteca de los muertos de Glenn Cooper, otra trilogía que se completa con El libro de las almas y El fin de los escribas. Todavía estoy leyendo el primero y es bastante atrapante y dinámica su forma de estar escrita y diagramada la novela. Un asesino en serie siempre rinde, veremos cómo continúa.


Todo esta exposición para confesar que sí, me he vuelto una aficionada de las sagas y una presa de mis propias y prejuiciosas palabras.

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